Se puede decir que a veces desconocemos todas aquellas cosas que nos perturban y no podemos evitar ocultarlo. En otras ocasiones sabemos que nos ocurre algo y pretendemos esconderlo, quizá por miedo, quizá por inmadurez... El caso es que sin embargo en otras, sabemos que algo nos incomoda y pretendemos aparentar que desconocemos la razón a pesar de conocerla, al menos por ese instante...Quizá todo se podría solucionar si somos capaces de abrirnos más a las amistades o quizá, dichos miedos sean meramente despreciables e insignificantes carecientes de valor alguno. En cualquier caso descubro que abrir los ojos me suele disgustar, contemplar únicamente lo que deseo ver, es lo que me he dispuesto a hacer toda mi vida, cuando otros cesaron al terminar la infancia. Pero de todas formas nunca me he planteado hacerlo y a veces un gran obstáculo invisible para mi percepción se topa en mi camino, y así, cuando padezco en el suelo lamentandome del dolor de la caída, no hago más que llorar por continuar con mi postura ignorante, cerrada a la Realidad. De este modo, es en este momento en el cual me planteo si una engañada sonrisa procedente de un mundo que no existe puede llegar a tener más valor que la oscuridad del vacío absoluto.
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